Doctorados de cartón

Que uno de sus asesores tuviera un doctorado cuestionable fue suficiente para generar una tormenta política. El problema radica en que en Ecuador se ha instalado una cultura del título por sobre la cultura del conocimiento.

Se busca ser llamado «doctor» no necesariamente por lo que se sabe, sino por el reconocimiento social que eso trae. Algunos centros funcionan más como franquicias de diplomas que como instituciones académicas, donde el rigor metodológico ha sido reemplazado por trámites administrativos y pagos.

En los últimos años proliferaron universidades del exterior que ofrecían programas sin residencia, sin investigación y sin tutores reales. Esto afecta en dos sentidos: desacredita a quienes sí hicieron el esfuerzo genuino e introduce en posiciones de decisión a personas sin la preparación que dicen tener.

La solución no pasa únicamente por castigar a quienes falsifican títulos. Pasa por reformar un sistema que ha valorado más el papel que el conocimiento, y por construir una cultura donde lo que importe sea lo que uno sabe y puede hacer.

Artículo de la columna Francamente, por José Molina Gallegos.

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